DIECISEIS
·16·
Puro silencio.
Eta observó al resto de comensales, la miraban fijamente,
atentos. Los ojos brillantes y las manos inquietas la delataron.
Kodo giró el cuello
y se perdió en el fucsia intenso
salpicado de gemas amarillas
que flotaba sobre las arácnidas piernas
de la estilizada homenajeada.
Levantó la mirada
y se encontró con sus ojos
brillantes.
Ella sonrió.
La luz del sol penetró los cristales de la sala circular
iluminando la sonrisa de Eta,
premiándola solamente por estar de pie.
Se hizo más grande,
y el poder que tenía para lograr atención de todos dió un respiro.
Los comensales se entregaron a sus palabras
que llenaban la habitación con un aire fresco y despreocupado.
-Gracias.-Dijo finalizando el breve discurso.
-Que empiece el banquete!